
por Catalina Donoso
Una vez más, el cine retoma la nostalgia de los noventa con una película que fue un clásico, reuniendo a dos grandes estrellas que ya se han consagrado en la gran pantalla: Sandra Bullock y Nicole Kidman.
La película retorna después de 28 años y las actrices, que ya rondan los 60 años, se ven maravillosas a su edad. La pregunta que todos se hacen era: ¿era necesaria una continuación? No.
¿Vale la pena verla? Si eres fan de la anterior, te va a gustar.
La película se centra una vez más en la familia Owens, el amor frustrado y el legado familiar. Las tías ya están en el ocaso de sus vidas y dejan un legado para la familia Owens: que la magia siempre permanezca viva en la familia.
Por su parte, Sally continúa siendo seria, responsable y afable, pero ha olvidado la magia, tanto que se la ha negado a sus hijas. Gillian sigue siendo viajera, desenfadada y aventurera.
Una de sus hijas encuentra el amor en un joven estudiante, ese amor universitario romántico y dulce. Sin embargo, la maldición Owens no perdona y la tragedia recae en Kylie.
Así comenzará una odisea para romper la maldición que recae sobre los Owens y, para ello, Gillian y Sally irán en su ayuda.
La película está llena de magia, hechizos y misterios. Quizás lo que más me gustó fueron los decorados de la casa, los viajes a Inglaterra y la escenografía.
También destacaría la interpretación de Lee Pace, quien, a pesar de hacer un papel secundario como Dr. Wright, inspira calma y madurez al personaje.
Y aquí hay algo que me llamó especialmente la atención.

Aunque ambas actrices tienen casi 60 años, la película intenta mantener la misma vibra de la primera, como si el tiempo no hubiera pasado. Sin embargo, la vida no es así.
La mujer evoluciona.
Con los años cambian nuestras prioridades, nuestras emociones, nuestra manera de relacionarnos con el amor y también la forma en que vemos la vida. Quizás habría sido interesante ver a Sally y Gillian enfrentarse a la magia desde esa nueva etapa de sus vidas, con toda la experiencia que el paso del tiempo les ha entregado.
La película fácilmente se puede ver en la comodidad de tu casa, pero si quieres ir al cine a distraerte y pasar el rato, se pasa bien.
No es un peliculón, pero a mí me agradó.
Y quizás esa sea precisamente la magia de volver a una historia después de tantos años: no necesariamente necesitamos que sea igual a la primera. A veces también queremos descubrir qué pasó con aquellos personajes que alguna vez nos acompañaron y cómo los imaginamos después de casi tres décadas.
