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¿Quién fue realmente Felipe de Edimburgo? ¿fue tan visionario como se decía?

Por Tatiana Ramírez Quilodrán

Nació como Príncipe de Dinamarca y Grecia y vivió una larga vida a la sombra de la mujer que a los 18 años se convirtió en su destino. Pero ahora esa vida se ha acabado.

El príncipe Felipe murió a los 99 años, a solo dos meses de celebrar su centenario, el que alguna vez ya había dicho que no quería celebrar. En el año 2000, cuando se cumplieron los 100 años de la Reina Madre, el duque de Edimburgo, con ese tono sarcástico que rozaba a veces en el descaro fue citado por The Telegraph mencionando que no se sentía ni un poco emocionado por el momento en que le llegara el turno de celebrar sus 100 años: “No me puedo imaginar nada peor. Pedacitos de mí cayéndose por ahí”, dijo.

El Príncipe Felipe, un líder natural, ex oficial naval y entusiasta jugador de polo, fue un hombre muy saludable hasta muy avanzada edad, pero en los últimos años tuvo varios problemas de salud. Este año ingresó en un hospital de Londres el 17 de febrero después de sentirse mal, y tras un mes internado fue dado de alta el 16 de marzo, cuando regresó al Castillo de Windsor. Allí lo pilló la muerte y le evitó pasar por ese cumpleaños que no le interesaba celebrar. El pasado viernes 9 un breve comunicado la casa real británica anunciaba así su muerte: “Con profundo dolor, Su Majestad, la Reina, anuncia la muerte de su amado esposo, Su Alteza Real, el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo. Su Alteza Real falleció tranquilamente esta mañana en el Castillo de Windsor”.

Su enfermedad no estaba relacionada con COVID-19: la Reina y Felipe fueron vacunados contra el coronavirus a principios de enero y fue solo el paso del tiempo por su cuerpo lo que silenció esa voz que, si bien estuvo siempre en un discreto segundo plano, fue una voz importante de cambio en la casa real británica. Fue además un hombre con una gran capacidad para escuchar y a quien la misma reina describió como su roca y su fortaleza. 

73 años como consorte de Isabel II

Felipe se casó con la entonces princesa Isabel en 1947 y fue el consorte real con más años de servicio en la historia británica. Él y la reina tuvieron cuatro hijos (Carlos, príncipe de Gales y el heredero al trono; Ana, la preferida de su padre; Andrés y Eduardo), ocho nietos y nueve bisnietos. El príncipe Felipe, uno de los pocos hombres que ha tenido el título de consorte de una reina británica reinante, asumió un rol que no tenía un carácter constitucional y le dio la oportunidad de imprimir su propia personalidad al mismo. Al hacerlo se esmeró en promover cambios que permitieran mantener a la monarquía en sintonía con un mundo cambiante.

Su informalidad y accesibilidad, que permanecieron sin cambios durante sus años en el Palacio de Buckingham, contrastaban con la personalidad más rígida de su esposa, la reina Isabel II. Felipe fue querido y respetado por ser el que de muchas maneras puso un rostro humano a una monarquía a menudo firmemente anclada en viejas estructuras y tradiciones en las que su esposa se negó a reformular. A través de sus 73 años junto a la reina sus palabras causaron más de un dolor de cabeza a la familia real y su tono fue calificado desde descarado e ingenioso, hasta sarcástico y humorístico, sin embargo, fue así como se ganó el respeto y cariño de los británicos y del pueblo de la Commonwealth.

Descendiente de la “Abuela de Europa” y del “Suegro de Europa”

Durante su largo matrimonio, Felipe se destacó por ser un apoyo incondicional para la soberana quien siempre agradeció su lealtad e hizo quizá la vista gorda a las infidelidades que se le colgaron al guapo príncipe, aunque jamás fueron confirmadas. De tanto en tanto, el duque de Edimburgo estuvo en el centro de atención de los medios de comunicación ya fuera por sus palabras, ya fuera por los persistentes rumores sobre aventuras con hermosas estrellas de cine, bailarinas, escritoras y finas damas de la corte, todas ellas de piernas largas.

“¿Cómo podría? He tenido un policía pisándome los talones, día y noche, desde 1947 “, comentó el príncipe Felipe a esos rumores en una entrevista con The Telegraph en el 2004. La referencia a 1947 no fue accidental, ya que fue el año en que se casó con Isabel y, en muchos sentidos, el momento en que recuperó la estabilidad y el amor que anheló toda su joven vida.

Felipe nació en la isla griega de Corfú con el título de príncipe de Grecia y de Dinamarca y era bisnieto del rey Christian IX -conocido como “el Suegro de Europa” y tatarabuelo de la actual reina Margarita de Dinamarca- y uno de los mil descendientes de la reina Victoria de Inglaterra -conocida ella como “la Abuela de Europa”-.

Sin embargo, nada de esto lo benefició ni a él ni a su familia. Por el contrario, con solo un año su familia debió huir de Grecia y se instalaron en Francia, y tenía solo nueve años cuando vio que su madre, la princesa Alicia, era enviada a un hospital psiquiátrico, con violencia y a la fuerza ante sus propios ojos. Poco tiempo después su padre, el príncipe Andrés se fue a vivir a Montecarlo con su amante y el joven príncipe fue enviado a vivir con familiares lejanos en Inglaterra, donde tuvo que luchar para sentirse querido y llegar a encontrar un sentido de pertenencia familiar.

Un príncipe de cambio y modernización

A la princesa Isabel, cinco años menor que él, la conoció a los 13 años en una boda de parientes comunes, pero fue a los 18 años cuando se reencontraron y la jovencita quedó prendada del guapo marino de aspecto vikingo y hermosos ojos azules. Se veían tan felices.

Ni sus padres ni los cortesanos aprobaban al pretendiente, pero eso no evitó que la joven y enamorada pareja se casara en la Abadía de Westminster, en 1947, lo que significó que el príncipe debiera renunciar a sus títulos, convertirse a la iglesia anglicana, y comenzar a vivir a la sombra de quien sería la futura reina, lo que sucedió en 1952, tras el repentino fallecimiento de Jorge VI, padre de Isabel.

En ese momento la vida dio un giro definitivo y debió dejar finalmente la carrera naval que tanto le apasionaba y describió sus días como comandante de la Fragata Magpie como los “días más felices de mi vida de marinero”. A partir de entonces, vivió a la sombra de su esposa. Siempre tres pasos detrás de ella. La serie de Netflix, ‘The Crown’, da una pista sobre la forma en que el príncipe Felipe luchó por encontrar su propio rol, hacer valer sus puntos de vista y darle sentido a su vida. Y sin duda logró encontrarlo en la esfera privada de la familia, con un indiscutible papel de patriarca. Animó a la reina a traer expertos en estudios de tiempo y movimiento para cambiar la tradicional rutina de la casa real. La persuadió de que enviara a su hijo mayor y heredero, el príncipe Carlos, a Gordonstoun, la misma escuela escocesa a la que asistió él mismo en su adolescencia, en lugar de la elegante Eton que todos esperaban.

Tenía una mente viva e incisiva. En una era de cohetes lunares, en otra de cuestionamientos teológicos, plantas de energía atómica y satélites terrestres, estuvo atento a los cambios tecnológicos, al desarrollo científico y a la influencia de la radio y televisión, por ejemplo. La ceremonia de su boda fue la primera boda real transmitida a todo el planeta por la BBC e insistió en que la coronación de Isabel II fuera transmitida por la televisión.

Sus hijos no llevan su apellido

Sin embargo, también en su aventura de patriarca familiar pasó por momentos duros, como cuando en abril de 1952 la reina, por consejo del gabinete del primer ministro Winston Churchill y por su abuela la reina Mary, declaró que sus hijos usarían su apellido Windsor en lugar del apellido de su padre, Mountbatten: “Soy el único hombre en el país que no tiene permitido dar su nombre a sus hijos. No soy más que una ameba”, dicen que protestaba en su círculo de amigos. Ocho años después, se dictó un decreto que indicaba que que si bien la reina y sus hijos serían conocidos como la Casa de Windsor, los miembros menores de la realeza y otros descendientes que no estaban directamente en la línea para el trono, serían conocidos como Mountbatten-Windsor. Es por eso por lo que el hijo del príncipe Harry y Meghan Markle le dieron ese apellido a su hijo Archie Harrison.

Definiendo el perfil de su rol, el príncipe Felipe se lanzó incansablemente a la lucha por las causas que le interesaban y en un momento fue el patrón de nada menos que 800 organizaciones en áreas como la educación, el deporte y el medio ambiente. Pero la insatisfacción salía a la luz de vez en cuando y parecía intentar rebelarse contra esa posición de un rol-sin-rol. Aun así, decidió permanecer fiel a su reina y a la monarquía hasta el verano de 2017, cuando a la edad de 96 años se retiró de los deberes oficiales, y decidió pasar la mayor parte de su tiempo en la finca privada de la familia en Sandringham, en el este de Inglaterra.

Un final discreto y sin tumultos

Tal vez deambuló por los idílicos alrededores y pensó en su larga vida. Si se había convertido en lo que soñaba. Y quizás también pensó en lo que a menudo han especulado los medios ingleses. Es decir, si el destino de la familia hubiera sido diferente si su propia educación hubiera sido diferente, llena de amor y seguridad. Si los matrimonios infelices, los divorcios y, en cierto modo, también la muerte de la princesa Diana podrían haberse evitado si no hubiera presionado demasiado a sus hijos. O tal vez deambulaba disfrutando de que ya no había expectativas para él. Que todo con lo que tenía que lidiar era con su propia sombra.

En los últimos años, la salud de hierro del príncipe Felipe había comenzado a decaer. Estaba claramente debilitado, físicamente era una sombra de su antiguo yo. Ahora, la sombra se ha ido.

CUANDO SE REALIZARAN LOS FUNERALES

Sus funerales se realizarán el próximo sábado 17 de abril a las 15.00 horas -hora local; 10 de la mañana hora chilena- en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor y será transmitida por la BBC.

Por decisión del propio príncipe y por las medidas sanitarias producto de la pandemia, no habrá capilla ardiente y solo 30 personas serán parte de la ceremonia fúnebre. De hecho, el Primer Ministro Boris Johnson ha anunciado que no asistirá para que sea la familia más cercana la que le dé el último adiós al consorte británico. El féretro será envuelto en su estandarte personal y sobre él llevará su gorra naval, su sable y algunas flores.

Finalmente, tal como Felipe de Edimburgo lo deseaba, su funeral será realizado discretamente, sin “pompa” ni muchedumbres, aunque su vida de servicio y lealtad a su esposa la reina, al Reino Unido y a la Commonwealth le ganaron un merecido lugar no solo en la historia británica sino en el corazón de sus súbditos.

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