Mujeres que destacaron y cambiaron el curso de la I Guerra Mundial

Actuaron en la retaguardia y en el frente, como empleadas en fábricas de municiones o como soldados, y aunque la historia solo glorifique las gestas de los hombres sobre el campo de batalla y en las trincheras, la Primera Guerra Mundial no puede desgranarse sin el papel que desempeñaron las mujeres durante los cuatro años de contienda.

Con el primer estruendo de los obuses, las mujeres de todo el mundo se enrolaron en la guerra adoptando diferentes funciones: unas comenzaron a trabajar en las factorías, tanto las téxtiles como la armamentísitica; mientras que otras se marcharon al frente para convertirse en enfermeras o conducir ambulancias.

La sociedad conservadora y patriarcal de aquella época todavía veía con recelo que una mujer empuñase un fusil de asalto y se codease con los hombres en las trincheras, pero muchas figuras femeninas fueron grandes protagonistas de algunas acciones militares llevadas a cabo durante la Gran Guerra.

Cambiaron su armario, utilizando prendas más cómodas, y la mentalidad social al demostrar que podían desempeñar todo tipo de profesiones fuera del hogar. Una de las grandes conquistas se produjo en Gran Bretaña, donde el 6 de febrero de 1918 se aprobó el sufragio femenino para las mujeres mayores de 30 años.

Mata Hari (1876-1917), de ‘femme fatale’ a espía

Fue la femme fatale de la Belle Époque, una diva de los bailes exóticos que cuando estalló la Gran Guerra decidió unirse a la partida de ajedrez que jugaban los hombres. Margaretha Geertruida Zelle, más conocida como Mata Hari, sedujo a políticos y militares de alto rango de toda Europa. Con los bramidos de los cañonazos del frente resonando en las grandes capitales, la información se convirtió en un bien especialmente valioso; y Mata Hari fue reclutada por los servicios de espionaje de Alemania. Los franceses la descubrieron y la fusilaron el 15 de octubre de 1917 en los alrededores de la fortaleza de Vicennes. La leyenda cuenta que se negó a vendarse los ojos —prefirió mirar a la cara de la muerte— y le arrojó un beso a sus ejecutores.

María Bochkariova (1889-1920), la líder de las soldados rusas

“Noche tras noche, me obligaban a mantenerme despierta. Algunas veces tuve que morder a alguno de estos hombres para ahuyentarlo”. Nada más alistarse en el ejército ruso, la vida de María Bochkariova se convirtió en un infierno de burlas y abusos que provenían de sus compañeros de batallón, tal y como relata en sus memorias. Su valentía en combate —la hirieron por partida doble— fue condecorada en tres ocasiones y le encargaron la creación del Batallón de la Muerte de Mujeres, el primero integrado exclusivamente por hembras. En junio de 1917, Yashka, como era conocida, y su batallón fueron enviadas a la ciudad bielorrusa de Smorgon para participar en la ofensiva con los alemanes. Ellas lograron abrir brecha en territorio enemigo a pesar de lo desmoralizados que estaban el resto de sus compañeros, casi todos hombres.

Dorothy Lawrence (1896-1964), la periodista que se disfrazó de hombre

Apenas cumplida la mayoría de edad, Dorothy Lawrence agarró una bicicleta y se plantó en el frente occidental de la guerra, en Calais. Quería ser periodista y contar cómo era la vida en las trincheras. El alto mando de los aliados se mofó de ella y tuvo que cejar en su empeño, aunque solo temporalmente. Con la complicidad de un grupo de soldados y tras conseguir un uniforme de las tropas británicas, se disfrazó de hombre y se transformó en Denis Smith. Durante un intervalo de diez días formó parte de la 51ª División de la Compaía Tuneladora de Ingenieros Reales, pero terminó entregándose por el riesgo de ser descubierta y meter en un lío a sus colegas. La recluyeron un tiempo en un convento y la obligaron a firmar una declaración jurada para que no contase su experiencia en los periódicos. Lo aceptó pero finalmente acabaría publicando sus memorias: Sapper Dorothy: The Only English Woman Soldier.

Edith Clavell (1865-1915), fusilada por asistir a los suyos

La Gran Guerra cogió a Edith Clavell, una enfermera británica, en Bélgica, pronto invadida por las tropas alemanas. Su misión no solo consistía en ofrecer cobijo en su hospital de Bruselas, perteneciente a la Cruz Roja, a los soldados del bando aliado, sino también en ayudarles a huir a Holanda, país neutral durante la contienda. Se calcula que Clavell y sus ayudantes lograron ofrecer asistencia a unos 200 franceses, británicos y belgas hasta que fueron arrestados por fuerzas enemigas. La enfermera reconoció sus actos y fue condenada a morir fusilada.

Milunka Savic (1892-1973), la mujer más condecorada de la historia

Una carta en la que se reclamaba el inmediato alistamiento de su hermano en ejército llegó a casa. La patria, Serbia, convocaba a sus valientes hombres para luchar y morir por ella en la Segunda Guerra de los Balcanes. Pero ella, Milinka Savic, decidió que iría al frente en lugar de su hermano. Se cortó el pelo, trató de ocultar sus pechos y se vistió con ropa de hombre. Cuando descubrieron que era una mujer ya había sido ascendida a cabo. Su carrera militar fue meteórica y, durante la Gran Guerra, sus hazañas fueron distinguidas en multitud de ocasiones. Recibió, entre otras, la Cruz de Guerra de Francia y se convirtió en la mujer con más condecoraciones militares de la historia. Entre sus grandes operaciones, según se recoge en la página del Ministerio de Exteriores serbio, destaca el aprisionamiento de 43 soldados búlgaros en el frente macedonio.

Elizebeth S. Friedman (1892-1980), de poeta a criptoanlaista

Aunque la misión que la encumbraría —la desarticulación de una red de espionaje nazi en América Latina— se produjo en la II Guerra Mundial, Elizebeth Smith Friedman fue una criptoanalista, la primera de su país, que se convertiría en una pieza indispensable del entramado dedicado a descifrar mensajes y códigos del Gobierno de Estados Unidos. No era matemática ni ingeniera ni nada por el estilo, mucho menos militar; era una poeta, una entusiasta de las obras de Shakespeare. La mujer fue contratada en 1916 por el multimillonario George Fabyan para trabajar en su laboratorio de Riverbank. En ese ambiente conoció a William Friedman, con quien se casaría en 1917 y se sumergiría en el mundo de la descodificación.

Ecaterina Teodoroiu (1894-1917), la heroína rumana

Siempre creyó que su futuro estaría ligado a la enseñanza, pero el estallido de la I Guerra Mundial la obligó a trabajar como enfermera y ayudar al bando aliado. La muerte de su hermano en combate fue lo que espoleó definitivamente a Ecaterina Teodoroiu para dar el paso y alistarse en el ejército rumano. Se unió al 18 Regimiento de Infantería de Gorj y en todas las batallas en las que tomaría parte demostró una habilidad innata para exhortar a sus camaradas y articular inteligentes estrategias. Los alemanes llegaron a capturarla en una ocasión pero conseguiría escapar. La heroína de guerra rumana fallecería durante la batalla de Mărășești tras alcanzarle una ráfaga de una ametralladora.

Marie Curie (1867-1934), pionera de la radioactividad

Cuando arrancó la I Guerra Mundial, el trabajo de Marie Curie ya había sido sido galardonado con dos Premios Nobel. El primero, el de Física en 1903, compartido con su marido Pierre y el físico Henri Becquerel; el segundo fue el de Química en 1911, este en solitario. Fue una pionera en el campo de la radioactividad y estudió la aplicación de los rayos X en los hospitales de campaña de la contienda, que carecían de recursos y personal experimentado. Se convirtió, asimismo, en la directora del Servicio de Radiología de la Cruz Roja francesa y creó el primer centro de radiología militar de Francia. Cuántas vidas salvaron sus estudios y avances es algo que nunca se podrá cuantificar.

Rosa Luxemburgo (1871-1919), la rosa roja del socialismo

Socialismo o barbarie, revolución o guerra mundial. Rosa Luxemburgo, de origen polaco-judío, fue una teórica del socialismo alemán más escorado a la izquierda. De hecho, cuando empieza la Gran Guerra se distancia de sus compañeros del SPD y se opone a la participación socialdemócrata en la contienda. Detenida en varias ocasiones e impulsora de la frustrada revolución que estalla en Berlín siguiendo la estela de la rusa, fue arrestada por última vez el 15 de enero de 1919 en un hotel de Berlín junto con su compañero socialista Karl Liebknecht, con quien había fundado el periódico La bandera roja. Poco después de su detención, ambos fueron asesinados.

Dorothie Feilding (1889-1935), conducción bajo las balas

Procedía de una familia aristócrata pero el intercambio de balas y el derramamiento de sangre la empujaron a partir hacia el frente y prestarse a lo que fuese necesario. Dorothie Feilding fue destinada a Bélgica y se encargó de conducir una ambulancia que trasladaba a los soldados heridos a los hospitales. Su coraje y su cercano trato con todo el mundo le llevó a recibir múltiples condecoraciones, entre ellas la medalla al valor de Gran Bretaña, la primera que se le concedía a una mujer durante la Gran Guerra. Feilding también dejaría testimonio de las dificultades de no ser varón en las trincheras, teniendo que lidiar con el apetito sexual de los hombres.

por David Barreira

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