
por Catalina Donoso
Santiago vibró este 22 de septiembre, justo cuando la primavera comienza llega la alegría y frescos de la banda australiana , con el regreso de 5 Seconds of Summer al Santander Arena. Miles de personas llenaron el recinto, vestidas con los colores y las camisetas de la banda, cantando a todo pulmón desde el primer acorde. Fue mucho más que un concierto: fue un reencuentro con la alegría, la nostalgia y esa energía que solo este grupo sabe transmitir.
En esta oportunidad 5SOS decidieron hacer un show inolvidable en sus propias palabras «más profesional «El espectáculo se presentó dividido en siete actos, una estructura narrativa que recorrió simbólicamente toda su trayectoria, desde el ascenso hasta el reencuentro final.
La banda comenzó a todo pulmón con rock puro abrió el primer acto con fuerza: NOT OK, No. 1 Obsession y Teeth marcaron el ritmo de la noche.
En el segundo acto, la energía continuó con Easier, More, istillfeelthesame, No Shame, She’s Kinda Hot, Boyband, Telephone Busy y Evolve. El tono cambió en el tercer acto, con momentos más emotivos e íntimos a través de Bad Omens, Ghost of You e I’m Scared I’ll Never Sleep Again.
El cuarto acto fue especialmente esperado: cada integrante interpretó un tema en solitario. Luke Hemmings cantó Starting Line, Ashton Irwin entregó Have U Found What Ur Looking For?, Calum Hood interpretó Don’t Forget You Love Me y Michael Clifford cerró esta sección con enough.
El quinto acto trajo Amnesia y ese momento único en que el público eligió una canción especial para la noche. El sexto nos llevó a los orígenes con English Love Affair, Voodoo Doll, Waste the Night, Jet Black Heart y She Looks So Perfect.
Justo antes de finalizar hubo una pausa los fans inquietos no sabían si iban a caminar por la arena el público de cancha se dividió para tomar posición pero Finalmente 5SOS salió con una bandera chilena por el escenario leyó sus carteles y canto sus últimas canciones para dejar esa estella y aura en el espectáculo cerró con Everyone’s A Star! y Youngblood, temas que pusieron el broche definitivo a la velada.
Pero lo que hizo verdaderamente inolvidable esta noche fue la conexión directa entre la banda y su público. En varios momentos aprovecharon de conversar con sus fans, acercarse, leer pancartas y compartir bromas que hicieron reír a todos. Ese humor suyo, capaz de reírse de sí mismos , haciendo alusión a su carrera, para recordar sus altos y bajos momentos de la banda, un recuento de sus 10 años de carrera musical , de sus aciertos y también de sus errores, es precisamente lo que los hace tan cercanos y únicos.
Hubo un instante que se que me gusto mucho cuando hicieron una representación de una premiación la banda eligió a una persona del público para entregarles un reconocimiento, y entre ellas destacó una chica con un gorro de orejas rosas subió al escenario y les entregó un premio a ellos por ser los mejores. Fue un momento espontáneo, divertido y profundamente nuestro, de esos que solo ocurren cuando artistas y audiencia se entienden sin palabras.
La conexión con Chile se sintió aún más fuerte cuando las pantallas mostraron imágenes que nos pertenecen como nación con banderas chilenas y mostraron lo más típico de la cultura chilena como; el pastel de choclo, el terremoto y hasta la figura de Pedro Pascal, un referente que todos reconocimos al instante. Fue un detalle sencillo pero lleno de cariño, que hizo que la banda se sintiera aquí como en casa y que nosotros los recibimos con una ovación sincera.
También llamó la atención la puesta en escena de quienes asistieron: el Santander Arena no solo se llenó de música, sino de estilo. Muchos llegaron emulando la estética de la banda con camisas blancas y corbatas rojas, trajes de inspiración indie, faldas y prendas escocesas, creando un ambiente donde la moda fue también parte del espectáculo. La gente llegó puntual, preparada y con ganas de vivirlo todo desde el primer momento.
A lo largo de más de veinticinco canciones, la banda demostró por qué sigue siendo tan querida. Ashton Irwin mantuvo un ritmo incansable desde la batería, sin detenerse ni un instante. Luke, Calum y Michael recorrieron el escenario con cercanía, dirigidos siempre al público, compartiendo risas y comentarios entre temas.
Hubo confeti, pelotas gigantes que recorrieron la cancha y ese humor ligero y sincero que los distingue de cualquier otra formación. Lo que se vivió en Santiago fue una noche donde el tiempo pareció detenerse y, al mismo tiempo, transcurrir demasiado rápido. La banda suena con más fuerza que nunca, madura y sólida, sin haber perdido nunca esa frescura que los hizo conocer. Para quienes estuvimos ahí, será un recuerdo imborrable. Gracias, 5 Seconds of Summer, por volver. Siempre serán bienvenidos.
