
por Catalina Donoso
El 19 de agosto, el Teatro Caupolicán de Santiago abrió sus puertas ante una multitud que llenó cada rincón del recinto, congregando a fieles seguidores de Sticky Fingers en una velada que prometía emociones fuertes. El concierto dio inicio alrededor de las 21:20 horas, con una energía y emoción que se sintieron desde el primer instante. El carismático teclista Freddy Crabs fue quien abrió paso al espectáculo; con su estilo desenvuelto y la impronta que lo caracteriza, marcó el tono de una presentación desplegada con fuerza y entrega. El público respondió de inmediato: entregado, saltaba de júbilo y cantaba con devoción cada nota.
Durante más de una hora, la banda interpretó sus temas más reconocidos, entre ellos Land of Pleasure, Sad Songs, Outcast at Last, These Girls, Gold Snafu, Rum Rage, Cool & Calm y Saves the Day, construyendo un recorrido que mantuvo la sala en efervescencia. Tras este bloque, llegó el momento más íntimo de la noche: un segmento acústico en el que únicamente cantante Claude Bailey en voz y guitarra, y Seamus Coyle, en guitarra principal, tomaron la escena. Fue un pasaje cercano y emotivo, interpretado con sencillez y calidez, en el que ofrecieron tres canciones en un clima de cercanía con el público.
Una vez concluida esta parte, la banda abandonó el escenario y transcurrieron varios minutos en los que se percibió una atmósfera extraña, tensa y cargada de incertidumbre, como si se hubiera producido una pausa no prevista. Finalmente, Freddy Crabs regresó al frente y tomó el micrófono para dirigirse al público en inglés. Comunicó entonces que su compañero Paddy Cornwall, encargado del bajo y los coros, había sido trasladado de urgencia a un centro hospitalario debido a problemas respiratorios. Tras dar a conocer la noticia, expresó que el grupo había decidido continuar con la presentación en honor a quienes los acompañaban esa noche.
«Solo podemos tocar unas pocas canciones más para ustedes. Porque Paddy quería que tocáramos expreso Freddy»
En consecuencia, un miembro del equipo técnico se sumó a la formación para cubrir el puesto de bajista, y la banda retomó el espectáculo interpretando tres canciones más. Con el compromiso intacto y el cariño puesto en cada interpretación, cerraron el concierto agradeciendo profundamente la presencia y el respeto del público, lamentando lo ocurrido con su compañero y demostrando que, incluso ante la adversidad, su prioridad fue estar junto a sus seguidores. La velada concluyó con el deseo compartido de una pronta recuperación de Paddy Cornwall y el reconocimiento a la entereza con la que el resto de la banda supo afrontar la situación.
