
por Catalina Donoso
Cuatro años después de su inolvidable Motomami, Rosalía regresa a Chile transformada. LUX no es simplemente un concierto: es una experiencia artística, visual y sensorial en la que la catalana demuestra que su evolución no tiene límites.
Hay conciertos que se escuchan.
Hay conciertos que se ven.
Y hay otros que, sencillamente, se viven.
El LUX Tour de Rosalía pertenece a esta última categoría.
Después de haberla visto anteriormente en Chile, volver a encontrarme con ella sobre el escenario del Movistar Arena permitió comprobar algo que va mucho más allá de una nueva gira: estamos frente a una artista que ha evolucionado, madurado y ampliado radicalmente su lenguaje creativo.
La Rosalía que vimos en sus anteriores visitas —y especialmente aquella explosiva Motomami que conquistó Santiago en 2022— sigue estando ahí. Pero ahora existe una nueva dimensión.
Una Rosalía más madura. Más segura. Más experimentada. Y también mucho más ambiciosa a la hora de concebir un espectáculo.
Porque LUX no es un concierto en el sentido tradicional de la palabra.
Es una obra escénica.
Es música, ballet, teatro, pintura, moda, iluminación, arquitectura, tradición y tecnología conviviendo durante una misma experiencia.
Y lo más interesante es que Rosalía consigue que todo parezca formar parte de un mismo universo.
CUANDO EL ESCENARIO SE CONVIERTE EN UN MUSEO

Desde los primeros minutos entendemos que estamos ante algo diferente.
La presencia de la orquesta en vivo entrega una dimensión extraordinaria a las canciones y convierte el escenario en un espacio mucho más cercano a una ópera contemporánea que a un concierto pop convencional. La dirección musical de Yudania Gómez Heredia, junto con los músicos y bailarines, es fundamental para construir esta atmósfera.
Pero Rosalía no se limita a cantar frente a ellos.
Ella habita cada escenario que crea.
Uno de los momentos que más me impresionó fue precisamente esa transformación del escenario en una especie de museo viviente, donde la artista aparece convertida en una musa dentro de un cuadro.
Por unos instantes, Rosalía deja de ser simplemente una cantante y se transforma en una pieza de arte.
Es una imagen que resume perfectamente lo que propone LUX: la artista como obra y el escenario como museo.
La iluminación, el vestuario, la escenografía y el movimiento de los cuerpos están cuidadosamente integrados para crear cuadros que parecen cobrar vida frente a nuestros ojos.
Y aquí está una de las grandes virtudes de este espectáculo: nada parece estar puesto al azar.
UN PRIMER ACTO QUE NOS HABLA DE UNA NUEVA ROSALÍA

El primer acto comienza con una delicadeza inesperada.
El ballet tiene un protagonismo especial y establece inmediatamente una atmósfera elegante y casi ceremonial.
“Sexo, Violencia y Llantas”, “Reliquia”, “Porcelana”, “Divinize” y “Mio Cristo Piange Diamanti” nos introducen en un universo donde la música pop se encuentra con la tradición clásica, la espiritualidad y la danza.
Y aquí aparece una de las grandes sorpresas de LUX.
Rosalía canta en italiano.
La artista catalana se atreve con registros vocales y musicales que amplían todavía más su universo. Su interpretación tiene pasión, intensidad y una fuerza que demuestra cuánto ha crecido desde aquellas primeras presentaciones que muchos recordamos.
La voz ya no está solamente al servicio de una canción.
Está al servicio de una historia.
DEL MUSEO AL CABARET: ROSALÍA CAMBIA DE PIEL

Y si algo demuestra LUX es que Rosalía puede pasar de la solemnidad al espectáculo más sensual y teatral sin perder coherencia.
La puesta en escena comienza entonces a adquirir otros códigos.
Hay momentos que parecen extraídos de Broadway, otros que recuerdan al cabaret y otros donde la artista recupera esa energía provocadora que sus seguidores conocen tan bien.
Los cambios de vestuario acompañan cada transformación.
También cambia la escenografía.
Cambian las luces.
Cambian los bailarines.
Cambia la energía.
Pero Rosalía permanece en el centro, demostrando una extraordinaria capacidad para dominar cada registro.
Es precisamente ahí donde aparecen algunos de sus grandes clásicos.
“SAOKO”, “LA FAMA”, “LA COMBI VERSACE” y “De Madrugá” nos recuerdan que esta artista también sabe perfectamente cómo llevar al público desde la contemplación hasta la euforia.
UN HOMENAJE A LOS GRANDES CLÁSICOS
Uno de los momentos que personalmente más disfruté fue su interpretación de “Can’t Take My Eyes Off You”, el clásico popularizado por Frankie Valli.
La canción adquiere una nueva dimensión dentro del universo de LUX.
Y nuevamente aparece la idea del arte.
Rosalía se presenta enmarcada dentro de una composición que recuerda a un cuadro, como si estuviéramos observando una pieza en una galería.
Es elegante, teatral y absolutamente cinematográfico.
Y eso es justamente lo que hace que el espectáculo sea tan especial: Rosalía no interpreta simplemente una canción conocida; la transforma en una escena.
EL CONFESIONARIO Y LA INTIMIDAD
Después llega uno de los segmentos más particulares de la propuesta: el confesionario.
El concepto introduce una dimensión íntima y teatral antes de “La Perla”, creando un contraste interesante con la espectacularidad que domina buena parte del show.
En Chile, además, el momento contó con una participación especial de Romina Pizarro, lo que añadió un componente local a una estructura que Rosalía ha ido adaptando a diferentes ciudades durante la gira.
Es precisamente esta capacidad de incorporar elementos diferentes en cada presentación la que hace que exista una sensación de acontecimiento único.
Rosalía parece disfrutar de esa posibilidad de sorprender.
Y esa es otra de las grandes características de LUX: el público nunca sabe completamente qué nueva imagen, transición o momento aparecerá a continuación.
LAS RAÍCES TAMBIÉN ESTÁN PRESENTES

Aunque LUX mira hacia adelante, Rosalía tampoco se olvida de dónde viene.
La tradición catalana y sus raíces musicales aparecen integradas en el espectáculo, incluyendo esa conexión con la rumba catalana que aporta un momento especialmente hermoso.
“La Rumba del Perdón” adquiere así un significado especial.
Después de viajar por territorios clásicos, religiosos, electrónicos, pop y teatrales, Rosalía vuelve a conectar con sus raíces.
Es una artista que puede cantar en italiano, dialogar con la música clásica, incorporar elementos de la tradición religiosa, moverse dentro del pop contemporáneo y, al mismo tiempo, regresar a la raíz catalana.
Esa mezcla es Rosalía.
CUANDO LA ORQUESTA TOMA EL ESCENARIO
Otro de los grandes aciertos de la noche es la importancia que adquiere la orquesta.
Hay un momento instrumental, el Intermezzo, en el que los músicos tienen su propio espacio y la música adquiere todo el protagonismo.
Y aquí quiero detenerme especialmente porque, personalmente, fue uno de los elementos que más disfruté.
La orquesta no funciona como simple acompañamiento.
Es parte del espectáculo.
Las cuerdas, los arreglos, los cambios de intensidad y la interpretación en directo aportan una dimensión cinematográfica que transforma por completo la experiencia.
Rosalía entiende que una canción puede convertirse en algo mucho más grande cuando se rodea de los músicos y artistas adecuados.
Y ENTONCES LLEGA LA FIESTA
Después de todo ese viaje, llega el momento que muchos estaban esperando.
“BIZCOCHITO”.
“DESPECHÁ”.
El público reconoce inmediatamente esas canciones y el Movistar Arena se transforma.
Aquí aparece nuevamente esa Rosalía que puede convertir un recinto completo en una fiesta.
Pero ahora hay algo diferente.
Porque después de todo lo que hemos visto, escucharlas dentro de LUX permite entender que forman parte de una trayectoria mucho más amplia.
La Rosalía experimental.
La Rosalía flamenca.
La Rosalía pop.
La Rosalía urbana.
La Rosalía clásica.
La Rosalía catalana.
La Rosalía que juega con el teatro, el ballet y las artes visuales.
Todas conviven en una misma artista.
UNA ARTISTA QUE NO DEJA DE SORPRENDER
Quizás una de las cosas que más me llamó la atención durante el espectáculo fue su capacidad para mantener el entusiasmo y la alegría.
A pesar de la enorme complejidad de la producción, Rosalía nunca parece estar simplemente cumpliendo con una coreografía.
Hay entusiasmo.
Hay energía.
Hay cariño hacia el público.
Y hay una sensación permanente de que disfruta estar ahí.
Eso también demuestra su evolución profesional.
La Rosalía de LUX conoce perfectamente el escenario.
Sabe cuándo contenerse.
Cuándo mirar.
Cuándo bailar.
Cuándo dejar que la orquesta hable.
Cuándo entregarse completamente a una canción.
Y cuándo permitir que el público haga suyo el momento.
MÁS QUE UN CONCIERTO: UNA OBRA DE ARTE
Después de verla nuevamente en Chile, es imposible no pensar en la enorme evolución que ha experimentado desde sus primeras visitas.
La Rosalía de hoy no es la misma artista que conocimos años atrás.
Y no porque haya dejado atrás a aquella Rosalía.
Sino porque la ha incorporado a todo lo que es ahora.
LUX demuestra que puede tomar sus raíces, la música clásica, el flamenco, la rumba catalana, la electrónica, el pop, la danza, el teatro y las artes visuales y convertirlos en un lenguaje propio.
Y eso no es sencillo.
Hay artistas que ofrecen grandes conciertos.
Hay artistas que crean espectáculos.
Y hay artistas que consiguen convertir un espectáculo en una experiencia.
Rosalía pertenece a esta última categoría.
Su LUX Tour es una producción de enorme nivel, cuidadosamente diseñada, interpretada con una orquesta y un cuerpo de bailarines extraordinarios, y sostenida por una artista que hoy se muestra más madura, profesional y segura que nunca.
Pero sobre todo es una experiencia que despierta sensaciones.
Nos hace mirar.
Escuchar.
Sorprendernos.
Recordar.
Bailar.
Y también preguntarnos qué será capaz de hacer Rosalía la próxima vez.
Porque si algo nos ha demostrado esta noche es que Rosalía no tiene intención de repetir la fórmula que ya funcionó.
Quiere seguir creando.
Seguir experimentando.
Seguir deslumbrando.
Y probablemente ese sea uno de sus mayores talentos.
ROSALÍA, UNA ARTISTA EN CONSTANTE TRANSFORMACIÓN
Cuando finalmente termina el espectáculo, queda la sensación de haber asistido a algo mucho más grande que un concierto.
Hemos pasado por un museo.
Por un teatro.
Por un cabaret.
Por una celebración.
Por una experiencia espiritual y musical.
Hemos visto ballet, orquesta, escenografías, cambios de vestuario, grandes éxitos y nuevas canciones.
Hemos visto a una artista que se atreve con distintos idiomas y estilos, que abraza sus raíces y al mismo tiempo mira hacia el futuro.
Y hemos visto a una Rosalía más madura, más experimentada y absolutamente consciente del poder que tiene para crear un universo propio.
LUX es, sin duda, uno de esos espectáculos que hay que vivir.
Porque hay conciertos que terminan cuando se encienden las luces.
Este continúa en la memoria.
Y quizá esa sea la mejor definición para una noche en la que Rosalía convirtió el Movistar Arena de Santiago en una verdadera obra de arte.
Por Catalina Donoso Positive Diva Magazine
Crónica y experiencia en vivo desde Santiago de Chile.
