
por Catalina Donoso
Roxette llegó a Chile en un concierto muy esperado, después de la triste partida de Marie Fredriksson en 2019. Algo que, hasta hace poco, parecía impensable.
En una tarde fresca de otoño, tres generaciones se dieron cita en el Movistar Arena para ser parte de este reencuentro con una banda que ha marcado a distintas generaciones durante más de cuatro décadas.
Este regreso además tiene un significado especial: marca los 40 años de Roxette, una banda que ha dejado una huella profunda en la música pop a nivel mundial. Cuatro décadas de canciones que no solo han marcado generaciones, sino que también han acompañado historias personales, convirtiéndose en parte de la memoria emocional de millones de fans.
La propuesta en escena fue sencilla: tres guitarristas, batería, teclado y corista. Desde el inicio, quedó claro que no se trataba de replicar exactamente el pasado, sino de presentar una nueva etapa.
Lena Philipsson, con un vestido negro de lentejuelas y cinturón plateado, asumió un rol complejo: ponerse al frente de un legado profundamente ligado a la voz de Marie Fredriksson. Per Gessle, fiel a su estilo, se presentó con jeans y una camisa negra estilo militar, acompañando con su guitarra y su presencia característica.
Durante el show, el vínculo con el público fue constante: agradecimientos, cercanía y, en varios momentos, una clara intención de conectar emocionalmente con los fans.
Uno de los instantes más significativos llegó cuando Lena se detuvo para recordar a Marie y dedicó “It Must Have Been Love”. Más que una interpretación, fue un momento de respeto, donde quedó en evidencia el peso del legado que están intentando sostener.

Durante el concierto, Per hacía pausas para narrar al público cómo escribió las canciones. No fue fácil, pero llegó esa inspiración, recordando aquellos días en la isla de Capri, en Italia, cuando entre pizzas y vino nacieron canciones que hoy cantamos todos al unísono.
Musicalmente, la banda funciona. Hay sintonía, hay armonía y un trabajo sólido en conjunto. Per y Lena se acoplan muy bien musicalmente y se siente esa conexión entre ellos.
Cuando estaba allí, de pie en el concierto, sentí esa nostalgia ochentera: recordar el cambio que tuvo Bon Jovi, de rockero de los 80 con canciones fuertes, a una etapa más madura, reinterpretando su música en acordes más pausados y casi románticos. Roxette hace lo mismo: toma sus mayores hits y los eleva a acordes nuevos, más maduros, pausados y reflexivos.
En lo personal, se siente más como una reinterpretación que como una continuidad directa. El sonido ha cambiado: es más maduro, más contenido, incluso más suave. Para quienes crecieron con el Roxette de los 90, esa energía original no siempre está presente… la extrañé, sí, pero la nueva propuesta llega como un té dulce y refrescante.
Se extraña la voz de Marie, claro que sí, porque es el elemento central en la identidad de Roxette; es la voz que nos acompañó por tres décadas, y eso no es fácil de olvidar. Hoy se propone algo nuevo y fresco. No busca imitar, sino revivir esas canciones que nos alegraron la vida y nos hicieron soñar, transformándolas en algo diferente: una evolución que conecta con audiencias que también han cambiado con el tiempo.
Para nuevas generaciones, esta versión puede funcionar como una banda sólida, bien ejecutada y con una identidad más colectiva, donde los músicos y los arreglos toman mayor protagonismo.
Durante la noche, los fans corearon los grandes éxitos, aferrándose a la memoria emocional de esas canciones. Uno de los momentos más cercanos fue el guiño del segundo guitarrista con “La Voz de los 80” de Los Prisioneros, que conectó directamente con el público local.
Al finalizar, las sensaciones fueron diversas: nostalgia, emoción y también reflexión.
En las entrevistas, varios asistentes hablaron de su adolescencia; recordaron su tiempo en la escuela, cuando escuchaban las canciones de su banda favorita. También me reencontré con historias personales: parejas que se conocieron antes de casarse gracias a estas canciones, amistades de toda la vida e incluso fans que cruzaron los Andes para seguir esta gira latinoamericana. Me contaron que habían asistido a los conciertos de Montevideo, Buenos Aires y ahora Santiago de Chile.
Quizás esa es la clave de la noche. No se trata solo de lo que ocurre en el escenario, sino de lo que cada persona trae consigo. Listen to Your Heart… y encontrarás a Roxette.
