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Cuando en 1711 la reina Ana de Inglaterra inauguró el hipódromo de Ascot no imaginó que aquel punto geográfico del condado de Berkshire iba a convertirse en la quintaesencia de lo británico, esa combinación perfecta de tradición, realeza y extravagancia.Y eso es lo que ha ocurrido a lo largo de sus 304 años de historia. En estos tres siglos, las carreras de Ascot –que se celebran a mediados de junio, empezando siempre un martes y acabando un sábado– han marcado siempre el inicio de la temporada social veraniega en Inglaterra, que despierta a los meses más cálidos del año con esta cita ecuestre, la Regata Real de Henley y el torneo de tenis de Wimbledon.

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ASCOT EN CIFRAS

Nadie quiere perderse esta cita. Hay en juego 7,6 millones de euros en premios, asisten 300.000 personas, entre las que hay jeques, aristócratas, la flor y la nata de la sociedad británica y los Windsor, y llegan hasta el hipódromo 400 helicópteros y 1.000 limusinas durante los cinco días en los que se corren 30 carreras con los mejores caballos del planeta. Y en medio de este torbellino, en los restaurantes y los bares del recinto se sirven 2.400 kilos de solomillo de buey, 2.900 langostas escocesas, más de 51.000 botellas de champagne y 45.000 tazas de té, entre otros muchos productos de gastronomía.

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Todo ello con una protagonista clara: la reina Isabel II, que acude desde 1945, dispuesta a ser la contrapartida a los looks más modernos y vanguardistas que se pasean por los escenarios de Ascot, enfundada en sus impecables y totalmente equilibrados conjuntos. Es ella la que cada día, desde su residencia, el castillo de Windsor (a seis kilómetros de Ascot) entra en el recinto en una calesa tirada por caballos, junto a su marido, el Duque de Edimburgo, y algún miembro de la Familia Real para inaugurar la jornada hípica –y épica– que comienza a las 14.30 horas.

 

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En este escaparate de lujo, glamour y excesos; de condes, de cachorros de la nobleza, ladies de casa bien en busca de un príncipe disponible, corredores de apuestas y presidentes de corporaciones financieras hay que saber moverse con naturalidad. Incluso hay que ser capaz de toparse con dignidad con la reina Isabel II, que puede bajar de su palco privado para entregar un premio o felicitar a los jockeys. Ambas cosas son condición necesaria para superar con nota este máster en alta sociedad, como hizo Audrey Hepburn en el filme clásico de 1964 My fair lady.

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EL DÍA MÁS GLAMOUROSO: EL ‘LADIES DAY’

Si puede elegir solo un día para perderse por Ascot, no lo dude. El Ladies Day es el momento culminante de esta cita, ya que es cuando se celebra la carrera más importante, la Golden Cup, cuyo premio asciende a 4 millones de euros. Es la jornada más fotografiada, la que se convierte en una auténtica pasarela para los sombrereros del momento, como Jane Taylor, una de las diseñadoras preferidas de la Duquesa de Cambridge y otros «royals»; o de Philip Treacy, uno de los que suelen elegir las princesas Beatriz y Eugenia para sus ocasiones especiales, y Piers Atkinson, el sombrero de Kate Moss, Lady Gaga o Rihanna. El Ladies Day es el día en que se ven los sombreros más exquisitos junto a los diseños más excéntricos, es, en definitiva, el día que mejor define la ambivalencia de Ascot.

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¿CÓMO VESTIRSE EN EL RECINTO REAL?

En el Recinto Real, el corazón de Ascot, donde sólo pueden acceder personas invitadas por terceras que hayan estado en esta zona al menos en cuatro ocasiones anteriores, las normas son las más estrictas.

Para las damas, los vestidos y las faldas deben ser de corte elegante y tener una longitud hasta la rodilla o justo por debajo. Tanto los vestidos como los topsdeben llevar tirantes de, por lo menos, 2,5 centímetros y no se permiten los vestidos demasiado entallados, los que no tapen bien la cintura y el vientre, el cuello halter ni los tocados. En su lugar,las invitadas llevarán sombreros con una base mínima de 10 centímetros. Sí se permiten pashminas y chaquetas, así como los trajes pantalón, siempre largos, y conjuntados en lo que se refiere a tejido y color.

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En cuanto a los caballeros que asistan al Recinto Real, éstos deben lucir chaqué, negro o gris; sombrero de copa, en los mismos tonos y sin ninguna decoración extra (como cintas de colores, por ejemplo); chaleco, corbata y calzado de color negro. No está permitido que se pongan pañuelo de cuello. Cuando estén en el interior de restaurantes, en terrrazas y palcos privados pueden quitarse el sombrero.

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Por todo el Recinto Real, a la caza y captura de los infractores, hay una especie de guardia del estilo que vela por la elegancia general y, si no se cumple con la normativa, piden educadamente y con absoluta discreción, que se abandone la zona. Le ocurrió a Rod Stewart en 2002 cuando quiso entrar en este sacrosanto recinto, al que los divorciados no pudieron entrar hasta 1955, con un traje chaqueta de color blanco.

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Es en este área donde se encuentran, entre otros, los restaurantes más «estrellados» de Ascot, el Panoramic y el ON5, los dos con dos estrellas Michelin y, en ambos casos, con un precio que supera los 1.000 euros. En este presupuesto se incluyen la acreditación para la zona real y el Grandstand, respectivamente; mesas privadas para hasta 12 comensales, menú de cuatro platos, champagne Bollinger, parking y té vespertino

Ideas que vestir en Royal Ascot:

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Lo que no se debe llevar.

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