Alejandro Sanz en Santiago: un recorrido por sus grandes éxitos, una noche de complicidad, memoria y amor compartido

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por Catalina Donoso

Fui al concierto de Alejandro Sanz, quien se presentó en el Estadio Bicentenario de La Florida, en Santiago de Chile, ante una audiencia que completó la capacidad total del recinto. Miles de fieles fans se dieron cita para acompañar al cantautor madrileño, un artista que Chile siente como propio y que, a lo largo de los años, ha construido una relación profunda y constante con el público nacional. No solo por sus innumerables conciertos en el país, sino también por sus recordadas presentaciones en el Festival de Viña del Mar, la más reciente en 2024.

El concierto comenzó puntualmente a las nueve de la noche y se extendió hasta pasadas las once, en una cálida noche de verano. Alejandro Sanz abrió el show con un emotivo saludo al pueblo chileno, apareciendo en escena con una guitarra verde y una correa que llevaba los colores y el mapa de Chile sobre sus hombros. Un gesto que no pasó desapercibido, especialmente cuando interpretó Bandera, momento en el que miles de banderas tricolores chilenas ondearon al unísono en el estadio. La emoción fue aún mayor cuando el propio cantante se colgó la bandera nacional sobre los hombros, en una imagen poderosa y profundamente simbólica.

El viaje musical continuó con Bésame, uno de sus éxitos recientes en colaboración con Shakira. En esta ocasión, la parte vocal de la artista colombiana fue interpretada por una de las coristas de Sanz, quien subió al escenario y recibió una cálida ovación del público. El romance estuvo más presente que nunca con Mi soledad y yo y Amiga mía, canciones que siguen atravesando generaciones y emociones.

Bastaron solo unos minutos para que Alejandro Sanz pusiera a todo el estadio a cantar en un coro perfectamente coordinado su clásica balada A la primera persona. Vestido con pantalón y camiseta negra, acorde a la calurosa noche, el cantautor no bajó la intensidad y continuó con Mi soledad y yo, logrando que miles de voces lo acompañaran desde la primera estrofa hasta el último verso.

El espectáculo siguió con Sanz empuñando su guitarra acústica para interpretar El vino de tu boca, para luego dar paso al ritmo más movido de Quisiera ser, acompañado por un coro impecable y una banda que brilló constantemente, marcando el pulso de una puesta en escena sólida y elegante.

Otro de los momentos más memorables de la noche fue Amiga mía, un clásico que sigue haciendo vibrar al público como el primer día. El artista protagonizó además un instante muy divertido cuando preguntó cuántas mujeres había en el estadio y si habían venido solas o acompañadas. La respuesta fue unánime: “¡solas!”, gritaron miles de voces femeninas, provocando risas y complicidad absoluta con el cantante.

Sentado, concentrado y visiblemente conectado con su audiencia, el madrileño volvió a enamorar con palabras reflexivas: habló de la importancia de disfrutar el presente, del hoy, de la compañía, y de no pedirle tanto a la vida. Una reflexión que deja ver la madurez emocional que los años y la experiencia le han regalado.

El alma al aireNo es lo mismo y Aquello que me diste formaron parte de este ya emblemático recorrido musical. Luego llegaron ¿Y si fuera ella?¿Lo ves? y, para subir el ánimo con más ritmo y sabor, Las guapas. Entre canción y canción, Alejandro no dejó pasar la oportunidad de elogiar la gastronomía chilena, confesando su amor por las empanadas y destacando cuánto disfruta estar en Chile. Con un acento menos castizo y más latino, se comunicó con el público de manera cercana, cálida y genuina.

Uno de los gestos más bellos de la noche fue cuando Alejandro Sanz alabó públicamente a la percusionista peruana Gisella Giurfa, integrante de su banda. Tomándola de la mano y dándole un cariñoso abrazo, expresó su admiración por su talento. Sin duda, fue una de las más destacadas de la noche, aunque toda la banda —con dos pianos y músicos de distintas nacionalidades— demostró un nivel extraordinario.

La escenografía fue otro gran acierto: imponente, elegante y potente, con pantallas LED que permitían apreciar cada detalle del concierto y acompañar ese viaje mágico a través de las canciones y la extensa carrera de Alejandro Sanz.

En Cuando nadie me ve, el artista apareció sentado en una escalinata del escenario, compartiendo una reflexión íntima sobre la soledad, sobre sentirse a veces invisible, y sobre cómo encuentra en la música y en el público esa energía, ese amor y ese calor que necesita para seguir adelante. Un momento honesto, vulnerable y profundamente humano.

Ya en el epílogo del show, Sanz anunció que llegaba el momento de decir adiós. “Como los buenos amantes, me iré callado, de puntitas… no quiero dejarles el corazón partido, pero no puedo irme sin cantarlo”, dijo, antes de interpretar su mayor éxito: Corazón partío, desatando una última y poderosa ovación.

Alejandro Sanz se encuentra actualmente de gira por Latinoamérica, con presentaciones recientes en Bogotá, Ecuador, Perú y Chile, y con su próxima parada en Argentina. Un recorrido que confirma que su música sigue viva, vigente y profundamente conectada con su público.

Por mi parte, he crecido con Alejandro Sanz. Cuando siento las ligeras brisas de una tarde de verano, no puedo evitar recordar aquellas verbenas en España, cuando el joven Sanz nos enamoraba con una sonrisa y nos hacía suspirar. Éramos mozos, jóvenes, con esa ingenuidad tan propia del primer amor. A lo largo de nuestra vida, sus canciones han trascendido y se han entrelazado con nuestra propia experiencia: romances, alegrías, rupturas, lágrimas. Alejandro ha acompañado noches de soledad y también momentos de luz, con esa dulzura tan suya, hecha de letras sinceras y emociones compartidas.

Sin duda, a sus 57 años, Alejandro Sanz conserva esa complicidad y esa intimidad que solo él sabe crear con sus fans. Mantiene un encanto intacto, ese que en su momento nos quitó el suspiro a más de algunas y que hoy sigue presente. Esta vez lo acompañamos en el concierto no solo como fans, sino como amigas, como una más entre tantas amigas suyas.

Por mi parte, disfruté profundamente el concierto: canté, bailé y me volví a enamorar, una vez más.

Aquí dejamos su setlist y el calendario de conciertos, como testimonio de una noche inolvidable, cargada de emoción, música y un amor mutuo que, una vez más, quedó sellado entre Alejandro Sanz y Chile.

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