
Cada 12 de febrero el mundo conmemora el nacimiento de Charles Darwin, el naturalista británico que transformó para siempre nuestra comprensión de la vida en la Tierra. Sin embargo, más allá de los libros y teorías, existe un vínculo profundo entre Darwin y Chile que muchas veces pasa desapercibido.
Nuestro país no fue una simple escala en su travesía científica: fue un territorio clave en la construcción de su pensamiento.
La llegada a Valparaíso
En 1834, durante el segundo viaje del HMS Beagle, Darwin arribó a Valparaíso. El puerto era entonces una ciudad vibrante y estratégica del Pacífico sur. Desde allí inició recorridos por el interior del país, no como un turista, sino como un observador meticuloso de la naturaleza.
Chile ofrecía algo extraordinario: una geografía dramática y activa, donde la cordillera de los Andes se eleva con fuerza y la tierra tiembla recordando su dinamismo.
A caballo hacia Santiago
Desde Valparaíso, Darwin viajó a caballo hasta Santiago, atravesando el valle central. Durante ese trayecto registró en sus diarios observaciones geológicas, botánicas y sociales. Nada escapaba a su curiosidad.
En 1835 fue testigo del gran terremoto de Concepción, experiencia que reforzó su comprensión sobre los cambios graduales y profundos que modelan la Tierra. Chile se convirtió así en un laboratorio natural vivo ante sus ojos.
Hoy, en pleno centro de la capital, el Jardín Darwin del Cerro Santa Lucía conserva una placa conmemorativa que recuerda su paso por Santiago. Ese rincón urbano conecta nuestra ciudad con una historia científica de alcance universal.
El extremo sur y el nombre del Beagle
La huella de esta expedición no quedó solo en la zona central. En el extremo austral, el imponente Canal Beagle lleva el nombre de la embarcación que transportó a Darwin por Sudamérica.
No fue bautizado en honor al naturalista directamente, sino al barco que hizo posible una de las exploraciones científicas más importantes del siglo XIX. En los canales fueguinos, la expedición cartografió territorios y observó paisajes extremos que también influyeron en la visión de la diversidad y adaptación de las especies.
Chile como escenario de una revolución científica
Cordilleras emergiendo desde antiguos fondos marinos. Terremotos que modifican ciudades. Fauna adaptada a condiciones extremas. Contrastes culturales y naturales.
Todo ello fue parte del aprendizaje de Darwin en Chile.
Años más tarde, esas experiencias contribuirían al desarrollo de la teoría de la evolución por selección natural, una de las ideas más influyentes en la historia del pensamiento humano.
Desde Valparaíso hasta el Canal Beagle, pasando por el Cerro Santa Lucía, Chile no fue una nota al pie en su viaje. Fue territorio formador, paisaje revelador, escenario de descubrimiento.
Recordar a Darwin es también reconocer que nuestra geografía fue parte del mapa que cambió la ciencia para siempre.
