
Muchos espectadores han salido del cine señalando que el jefe es “el villano” y que Linda representa a la empleada que ha soportado injusticias laborales durante años. Sin embargo, la película propone algo más incómodo: no hay verdaderos buenos en esta historia.
Desde mi punto de vista, tanto el jefe como Linda terminan convertidos en antagonistas. Ella no es solo una víctima que se libera, sino un personaje que cruza una línea peligrosa. Su comportamiento se vuelve progresivamente psicótico, calculador y sádico. No solo busca sobrevivir, sino que elimina a varias personas sin remordimiento, utilizando el dolor ajeno como un medio para alcanzar sus objetivos. Incluso llega a disfrutar del sufrimiento del otro, lo que desarma por completo la lectura clásica de “heroína”.
Eso es lo que vuelve a Send Help tan inquietante: rompe la idea tradicional de protagonista y antagonista. Aquí no existen causas nobles. Ambos personajes son producto de un sistema marcado por el consumismo, la ambición de poder y la competencia extrema, donde prefieren ver al otro caer antes que permitirle triunfar o salir adelante.
El tema de las jerarquías en una isla no es nuevo en el cine. Ya lo vimos en películas como The Admirable Crichton o más recientemente en Triangle of Sadness, donde la alta sociedad queda atrapada con empleados que sí saben sobrevivir, y el poder se invierte. Los jefes pasan a segundo plano y quienes dominan el entorno toman el control. Send Help dialoga con esa tradición, pero la lleva hacia un terreno más oscuro y psicológico.
En mi opinión, la película también deja una reflexión incómoda: aunque una persona sea injusta, desagradable o te caiga mal, eso no te da derecho a volverte sádico con su sufrimiento. Tampoco justifica caer uno mismo en la miseria emocional solo por venganza. La supervivencia aquí no es solo física, sino moral.
Más que un relato de héroes, Send Help es una historia sobre cómo el poder, la humillación y la ambición pueden transformar a cualquiera en aquello que dice odiar.
¿Quién es realmente el villano en Send Help/Ayuda?

Más que ofrecer una lucha clásica entre héroes y villanos, Send Help propone algo más incómodo: invita al espectador a elegir. ¿Quién es el verdadero antagonista? ¿El jefe abusivo que representa el poder corporativo? ¿O Linda, que transforma la supervivencia en una forma de dominio personal?
La película plantea un dilema interesante: ¿el villano nace o se construye? A lo largo del relato vemos cómo una persona puede ir cambiando poco a poco, empujada por la ambición, la frustración y la necesidad de controlar al otro. No hay una transformación instantánea, sino un proceso donde el miedo, el orgullo y la competencia van erosionando la moral.
Aquí la lucha más grande no es solo física, sino simbólica: es una batalla entre poder, jerarquía y ambición, donde ambos personajes prefieren perderlo todo antes que permitir que el otro salga victorioso. El aislamiento funciona como un espejo que amplifica lo peor del ser humano.

También es importante recordar quién está detrás de la cámara. Sam Raimi, conocido por su estilo que mezcla tensión, ironía y exceso visual, construye una película que se mueve entre la comedia negra, el thriller psicológico y el horror. Ese cruce de géneros hace que el espectador pase de la risa incómoda a la tensión en segundos, sin sentirse nunca del todo seguro.
Las actuaciones acompañan esa ambigüedad moral: los personajes no buscan ser simpáticos, sino creíbles en su deterioro emocional. Por momentos, Send Help incomoda con su tono oscuro y su violencia estilizada, lo que puede resultar perturbador para algunos espectadores, pero también refuerza el mensaje central: cuando la supervivencia se mezcla con el poder, nadie sale limpio.
Más que una historia de rescate, Send Help es un experimento social donde la verdadera pregunta no es quién gana, sino quién estamos dispuestos a ser cuando desaparecen las reglas.
Películas que dialogan con Send Help/ Ayuda
end Help se inscribe en una tradición cinematográfica donde el aislamiento funciona como laboratorio social. Desde The Admirable Crichton hasta Triangle of Sadness, el cine ha mostrado cómo las jerarquías se derrumban cuando desaparece la comodidad. En estos escenarios no emergen héroes, sino versiones más crudas del ser humano, donde el poder importa más que la ética.
Triangle of Sadness (2022) – Ruben Östlund
Alta sociedad atrapada en una isla con empleados que sí saben sobrevivir. El poder cambia de manos y la “igualdad” se vuelve una ilusión. Muy buena para hablar de clases, jerarquías y humillación.
The Admirable Crichton (1957)
El clásico que tú bien citaste. Los aristócratas quedan inútiles y el sirviente se convierte en líder. Es la base elegante de este tipo de relatos.
Lord of the Flies (1963 / 1990)
Jóvenes aislados que pasan rápidamente del orden a la violencia. No hay héroes claros: solo cómo el poder corrompe cuando no hay reglas.
The Menu (2022)
No es una isla de náufragos, pero sí un encierro elitista donde el poder, la humillación y la venganza se cocinan lentamente. Ideal para hablar de sadismo social.
The Beach (2000)
La utopía que se convierte en control y violencia. Mucho sobre cómo la comunidad “perfecta” termina siendo cruel.
Swept Away (1974 / 2002)
Millonaria y marinero quedan aislados. La jerarquía se invierte, pero la película muestra cómo el poder también puede volverse abusivo.
Battle Royale (2000)
Más extremo, pero conecta con la idea de cómo la supervivencia rompe la moral y convierte a todos en antagonistas.
