La historia de los premios Oscars

Así recibieron el Oscar las estrellas más míticas de la historia del cine

por Catalina Donoso

Más allá de las nominaciones y la alfombra roja, los Premios Oscar representan uno de los símbolos más poderosos de la historia del cine: su estatuilla. La creación del premio nació junto con los primeros objetivos de la Academia, que buscaba un método para honrar los logros extraordinarios y fomentar los más altos niveles de calidad en todas las facetas de la producción cinematográfica.

En una de las reuniones iniciales, el director artístico de MGM, Cedric Gibbons, dibujó la figura de un caballero sosteniendo una espada y erguido sobre un carrete de película. Los cinco radios del rollo representaban las cinco ramas originales de la Academia: actores, directores, productores, técnicos y guionistas, mientras que la espada simbolizaba la protección del bienestar y el avance de la industria cinematográfica.

El diseño fue adoptado rápidamente por la Junta Directiva y, en 1928, Gibbons eligió al escultor George Stanley, de Los Ángeles, para transformar la ilustración en una figura tridimensional. Así nació la estatuilla que hoy es reconocida en todo el mundo. Desde el primer banquete de premiación, celebrado el 16 de mayo de 1929 en el Hotel Roosevelt de Hollywood, se han entregado más de 3.000 estatuillas.

Cada año, los Oscar son fundidos a mano en bronce por UAP Polich Tallix y posteriormente reciben su acabado en oro de 24 quilates por Epner Technology, una empresa especializada en galvanoplastia de alta precisión en Brooklyn. Oficialmente, el premio se denomina Academy Award of Merit, aunque es universalmente conocido por su apodo: Oscar, cuyo origen sigue siendo tema de debate. La versión más respaldada por la Academia atribuye el nombre a Margaret Herrick, exdirectora ejecutiva, quien habría comentado que la figura le recordaba a su tío Oscar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, debido a la escasez de metales, las estatuillas fueron fabricadas en yeso pintado, para luego ser reemplazadas tras la guerra por versiones metálicas chapadas en oro. Hoy, como desde 1929, el Oscar permanece erguido en las repisas de los más grandes cineastas de la historia, no solo como un trofeo, sino como el emblema máximo del arte cinematográfico.

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