Cuando era pequeña, solía ver las noticias junto a mis padres. En la pantalla, la figura del rey Juan Carlos I se alzaba como un símbolo casi incuestionable de la corona española. Así crecimos muchos niños, observando también al entonces príncipe Felipe y a las infantas, con la sensación de que la monarquía era parte natural de nuestra infancia, casi inconcebible imaginar una España sin ellos.
Las revistas del corazón, como ¡Hola!, formaban parte de ese imaginario colectivo: los veranos en Mallorca, las apariciones públicas junto a la princesa Diana y el príncipe Carlos, los encuentros de la reina Sofía con niños en la Fundación Reina Sofía. Todo estaba envuelto en un halo de glamour, cercanía y estabilidad institucional.
Con el paso del tiempo, los años cambiaron y también lo hizo la percepción de la monarquía. Aquella imagen idealizada fue perdiendo fuerza más allá de las páginas brillantes de las revistas, dando paso a una realidad marcada por responsabilidades de Estado, tensiones internas y, más tarde, por escándalos que sacudieron profundamente a la institución. Casos como el de Iñaki Urdangarin o la figura de Corinna Larsen marcaron un antes y un después. Los elefantes dejaron de ser blancos para tornarse de un gris incómodo y persistente.
El documental Salvar al Rey deja entrever, entre líneas, numerosas referencias ajenas al oído público, y la partida de Juan Carlos I hacia nuevos horizontes no hizo más que alimentar rumores, silencios y preguntas sin respuesta.
El rey Felipe VI lleva ya más de una década al frente de la corona española. Ha sido un periodo complejo, no exento de controversias, en el que la figura de la reina Letizia también ha estado en el centro del debate mediático, generando tensiones y opiniones divididas dentro y fuera de la familia real.
Un tiempo marcado por escándalos asociados a su esposa, quien, más allá de proyectar una postura pública aparentemente correcta, ha sido señalada como un factor constante de discordia dentro de la familia real. Las presuntas infidelidades —mencionadas por el periodista Jaime Peñafiel en sus libros y amplificadas posteriormente por declaraciones públicas de Jaime del Burgo, quien afirmó haber mantenido una relación clandestina con Letizia durante años, incluso antes de su boda— se viralizaron rápidamente y fueron ampliamente comentadas por medios internacionales. Estas revelaciones no solo cuestionaron el respeto al monarca, sino que daña la dignidad de la institución,
y le falta el respeto a toda una nación.
Esta vez llega otro libro real pero desde un ojo mas personal e intimo desde una mira de un Rey que ha tenido tiempo para reflexionar.
En este contexto, ha llegado recientemente a las librerías un nuevo y revelador libro: Reconciliación, firmado por Su Majestad el rey Juan Carlos I. La obra, que ya se perfila como un éxito editorial, comienza con una confesión profundamente personal:
«Mi padre siempre me aconsejó que no escribiera mis memorias. Los reyes no se confiesan. Y menos, públicamente. Sus secretos permanecen sepultados en la penumbra de los palacios. ¿Por qué le desobedezco hoy? ¿Por qué he cambiado de opinión? Porque siento que me roban mi historia».
Escrita en primera persona, esta publicación —en sí misma un acontecimiento histórico— busca reparar una imagen erosionada por el exilio en Abu Dabi, el juicio de la opinión pública y los propios errores del monarca. Tras casi cuarenta años de reinado, Juan Carlos I decide relatar su versión de los hechos y reivindicar su papel en la consolidación de la democracia española.
Reconciliación recorre tanto la vida pública como la privada del rey: una narración rica en anécdotas que no esquiva los episodios más significativos de la historia reciente de España, ni tampoco las alegrías y los momentos más oscuros de su vida personal. El relato se inicia en un país marcado por una guerra fratricida y sigue el camino de un joven Juan Carlos destinado a un futuro que no había elegido, pero que, paso a paso, lo llevó a convertirse en una figura clave de la transformación de España en un Estado moderno y próspero.
Es una obra escrita a corazón abierto, que navega entre los dos exilios que marcan su vida —el forzado en Estoril y el voluntario en Abu Dabi— y por cuyas páginas transitan algunos de los protagonistas más relevantes de la historia contemporánea. En el crepúsculo de su vida, lejos de su familia, el monarca se enfrenta a su última confesión:
«No tengo derecho a llorar».
Pero sí, quizá, a buscar esa anhelada reconciliación con el país que tanto ama y añora.
El libro ya está disponible en librerías. ¿Estás listo para conocer lo que ocurre más allá de las puertas del Palacio de la Zarzuela?